martes 31 de enero de 2012

Burgueses

Si existe algo especialmente execrable desde el punto de vista político por encima de izquierdas y derechas es sin duda la mentalidad burguesa, ésta es zafia, predecible y extremadamente aburrida, es un modo de pensar completamente opuesto al fascismo pues si bien este se fundamenta en la acción por encima de la razón (no en vano es heredero de la pasión del romanticismo) la mentalidad burguesa se funda sobre una excesiva racionalidad que no es otra cosa que cobardía al fin y al cabo. Del mismo modo el fascismo se construye en base al amor al peligro, los valores heroicos y la épica personal, valores que son sustituidos en su antónimo por un conservadurismo ciego y sin fundamento, motivado por el terror a perder una determinado estatus social: la gran mentira del hombre "hecho así mismo" pues dicho hombre se hace así mismo con lo que los de arriba le dejan, es la de pleitista que guarda la hiena al león por haberle dejado los despojos de un res abatida.


El fascismo es además un movimiento que juzga el valor del individuo en la justa medida de que este posea o no unos valores morales excelsos, en la perversa mentalidad burguesa el individuo valioso es aquel que goce de un determinado nivel pecuniario y que mantenga en consonancia a ello unas formas determinadas de vida y unos usos sociales a menudo caducos y hasta decadentes, ligados a los cuales surgen actitudes discriminatorias y clasistas hacia todo aquel que combate con fiereza esos principios y que a menudo es coronado con epítetos tales como "radical" o "ultra" (palabras cargas de malevolencia por parte del usuario aunque en si mismas no haya nada realmente malo)

La burguesía presente no está ligada a una clase social (de ahí la gran mentira contemporáneo de que todos somos burgueses o de que la clase obrera esta "aburguesada) sino a la aceptación de manera dogmática de unos determinados principios morales y usos sociales como los arriba citados (esto ya lo decía Lenin), de hecho el gran obstáculo para nuestra victoria es esta moral burguesa de a pie, pues estos pequeños burgueses son el colaboracionista, a menudo no con malicia pero si con una ciega convicción fruto de años y años de comedura de tarro y propaganda multimedia.

No debe de haber pues en la revolución resquicio alguno de moral burguesa, pues esta es contraria a la misma revolución, nuestras filas deben de estar exclusivamente nutridas por los bravos, por aquellos que abrazan el peligro saludando orgullosos a la muerte, aquellos que en un mundo sin valores optaron por seguir los viejos códigos del combatiente, en definitiva, aquellos que no tienen miedo a perderlo todo en la defensa de su cultura y de sus formas de vidas contra la gangrena del mundialismo, aquellos que saben que el fin de la lucha no está en la tierra, sino en las mismísimas estrellas.